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Tom Jones, Henry Fielding

Tom Jones es uno de los grandes clásicos de la literatura inglesa de todos los tiempos.

Esta novela nos cuenta la historia de Tom, expósito nacido, en circunstancias poco claras, en casa del rico y bondadoso Mr. Allworthy. Es una novela que, en mi opinión, comparte, a partes casi iguales, características de la novela picaresca, la novela de aventuras y el folletín.

La novela nos acompaña a lo largo de innumerables sucesos, aventuras, romances, amores, desamores, encuentros, desencuentros, borracheras, discusiones, festines,  y cualquier otro lance que ocurrirsenos pueda, junto a Tom Jones y a otros muchos protagonistas secundarios de la novela.

En cierto modo, la novela está escrita a imitación de nuestro Don Quijote, obra con la cual comparte bastantes elementos. Los más característico de ellos es la manera tan particular del autor de dirigirse al lector para comentarle cualquier cosa que se lo ocurra respecto al discurrir de la obra, así como la presencia de un sinnúmero de historias laterales y de algunos minicapítulos a modo de prólogo bastante originales.

El argumento sería mas o menos como sigue: Tom Jones, nacido en casa de señor rico sin saber muy bien como, se ve forzado a abandonar su hogar gracias a las malas artes del sobrino legitimo del señor de la casa. Tras múltiples aventuras de todo tipo, Tom vuelve a casa, recupera la herencia, y se casa con la bella Sophia. ¡ Cómo debe ser !. Y todos fueron felices y comieron perdices. A excepción del malvado sobrino,  Blifil.

La primera mitad de la novela me ha gustado mucho: la historia de Tom, sus amores clandestinos con Sophia, la enemistad entre Blifil y Tom y demás aventuras. Pero en cuanto Tom abandona el hogar y el folletín-aventura, o aventura-folletín, pasa a ser más bien picaresca y empiezan a aparecer personajes e historias que a ningún sitio conducen, la novela se ha empezado a hacer pesada.

De hecho, la segunda mitad de la novela ha sido un buen ejercicio de lectura diagonal.

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Las tribulaciones de Wilt, Tom Sharpe

Segunda novela de la serie de Wilt. En cierto modo, comparte con la primera novela de la serie virtudes y, quizá, algún defecto.

En mi opinión, lo más grande de esta novela, igual que de la anterior y quizá de las posteriores, es la genialidad, como creación literaria, del delicioso personaje de Henry Wilt. Su mordacidad, su capacidad para el sarcasmo y su habilidad para confundir y desorientar a cualquier representante del genero humano que se le aproxime lo hacen un personaje realmente divertido.

Su esposa, Eva, con su visión ridículamente alternativa y grotescamente moderna de la existencia, potencia la capacidad de Wilt para plantear situaciones insoportablemente estúpidas.

En esta novela nos encontramos con el matrimonio Wilt, acompañado de sus encantadoras y diabólicas cuatrillizas, que, gracias al incomprensible ascenso a jefe de estudisos de su politécnico de Henry, ha ascendido notablemente en la escala social.

Mientras tanto, Henry y Eva, siguen con sus paranoias particulares y, sin saber como, se encuentran envueltos en un delirante secuestro llevado a cabo por un comando terrorista-nihilista-anarquista.

En mi opinión, la novela acierta cuando sigue el discurrir de los pensamientos y sentimienentos de Wilt y nos hace partícipe de la dura crítica al sistema educativo norteamericano y a la hipocresia social de esa gran nación. Pero la novela falla cuando dedica más de la mitad al desarrollo y la conclusión del secuestro citado, que no tiene entidad suficiente para sostener la novela.

Moll Flanders, Daniel Defoe

A pesar de ser llevada al cine con éxito, Moll Flanders no es una de las obras más reconocidas de su autor.

La novela, en mi opinión, tiene deficiencias claras que le restan valor frente, por ejemplo, a Robinson Crusoe. La mayor de ellas es el estilo narrativo empleado por Defoe. La historia siempre está contada en primera persona, pero de modo indirecto. De este modo, los diálogos más vivos se convierten en un ella me dijo, pero yo le dije y entonces ella pensó que y me dijo que … y así, hasta el infinito. Obviamente, está manera de presentar los diálogos resta vivacidad a la historia, aunque, afortunadamente, no interés.

Y es que Moll Flanders es una creación literaria realmente notable. Moll es una mujer, nacida pobre, que reniega de su puesto en la sociedad y para alcanzar lo que ella cree que merece no dudará en vulnerar las rígidas normas morales de su época con libertina desenvoltura. La cantidad de aventuras, sentimentales, geográficas y económicas que nuestra heroína vivirá nos dejará asombrados.

Pero además, una vez que Moll consigue vivir como una señora, continua su carrera hacia a delante, siempre pensando en nuevas maneras de aumentar su fortuna. ¿Para qué?. Quizá por simple placer de utilizar su inteligencia y su capacidad. Quizá sea una primera forma de feminismo.

Inevitablemente, llegamos a encariñarnos de Moll y su especial combinación de avaricia y entrega vital.

Otro punto de interés de la novela es el retrato fiel la vida en la Iglaterra del siglo XVIII que Defoe y Moll nos presentan. Entonces, todavía las colonias eran una tierra de destierro y promisión donde se podía hacer borrón y cuanta nueva y enriquecerse en pocos años con solo el sudor de tu frente y un poco de fortuna.

Trainspotting, Irvine Welsh

Trainspotting es la primera novela de Irvine Welsh. El éxito de la novela fue tal, que al poco tiempo se rodó su adaptación cinematográfica. La película tuvo un éxito todavía mayor, por lo que hoy en día se ha convertido en uno de los elementos icónicos de la generación nacida a principios de los 70.

Trainspotting es una gran novela coral. Sus personajes, Renton, Spud, Begbie, Sick Boy y los demás, son tipos cualquiera salidos de los barrios de Edimburgo en los años en los que la heroina segaba vidas y consumía haciendas. Todos ellos son tipos sin expectativas, derrotados por la vida, cosumidos por sus adicciones y sin más ocupaciones que conseguir el próximo estímulo que les impulse un poco más a lo largo de ese trayecto sin destino que es su vida.

La novela es muy triste, pero eso no quiere decir que no haya momentos para la sonrisa e incluso para la risa descarada. Welsh está decidido a poner delante de nuestras narices la fealdad, la cutrez y la mugre del mundo del drogota porque ese es su objetivo, pero no nos dejará solos ante el peligro. Siempre habrá, cerca, a la vuelta de la página, algo que nos mueva a la risa y que nos permita seguir adelante y no dejar, asqueados, la novela. Pero no dejaremos la novela, porque el lector piensa que esta novela, como todas las grandes novelas, nos está contando algo importante.

La tristeza que emana la novela tiene origen en la desesperación con la que los pobres diablos que la protagonizan afrontan su futuro. Rents, Spud y los demás ponen sus esfuerzos en conseguir otro cheque del paro que les permita aguantar hasta que encuentren un curro de mierda que les permita conseguir un nuevo cheque del paro. Y todo ello sin salir de sus barriadas de viviendas sociales.

Emma, Jane Austen

Continuando con Jane Austen, ahora toca  Emma. Probablemente, su mayor creación.

En la entrada sobre Sentido y Sensibilidad ya me extendí sobre lo que la literatura de Austen me sugiere. En el caso de esta novela, Emma, probablemente las virtudes estilísticas de Austen llegan a su cima.

La novela nos cuenta las venturas y desventuras de su protagonista Emma Woodhouse. A la hora de caracterizar a Emma, es habitual hacerlo como jovencita rica o mimada. Yo creo que Emma es más bien una joven inteligente, sabedora de su inteligencia, consciente de su lugar en el mundo y decidida a ocupar ese lugar. Quizá el núcleo ideológico de la novela gravite en torno a la descripción de ese lugar en el mundo. Más bien, en la falta de debate en torno a cual debe ser ese lugar en el mundo.

Para Emma, y quizá para Austen, ese lugar es un lugar en que por encima de todo, están las apariencias y el sentido de comunidad, entendiendo por tal, el hacer exactamente aquello que la comunidad espera de ti.

En el caso de Emma, ella siente que una de sus responsabilidades es ayudar a cada joven, hombre o mujer, sin pareja, a encontrar un marido o mujer que le permita ocupar su lugar en la comunidad. Tan malo es apuntar alto como apuntar bajo. Emma no permitirá ninguna de las dos opciones.

El agumento de la novela recorre los diferentes malentendidos sentimentales que las intuiciones de Emma ocasionan. Como en las demás novelas de Austen, lo interesante no es lo que pasa, sino cómo Austen nos cuanta cómo los personajes sienten lo que pasa.
La galería de personajes memorables es amplia. Además de la propia Emma, mencionaré a su padre, Mr.Woodhouse, de un egoismo enternecedor, y Mr.Knightley, modelo ideal del caballero inglés, quizá un pelín cínico.

Algunos críticos indican que el punto débil de la novela es su final, en el cual Austen comete la debilidad de casar a Emma con Mr. Knightley, lo cual, en apariencia supone una renuncia de Emma a sus valores y puntos de vista. Para valorar este punto hay que tener en cuenta que los estudiosos suelen ver en Emma un trasunto de la propia Jane y en Mr.Knightley un compendio del hombre ideal según la propia Austen.

En conclusión, una novela de gran interés, que debe ser leída con atención para que la fina ironía de la autora no se nos pase por alto. Además, la única manera en la que el lector puede aproximarse a conocer los auténticos puntos de vista de Jane Austen es seguir la pista de sus comentarios irónicos, cuando no mordaces, hacía determinados personajes.

El juego de Berlín, Len Deighton

Len Deighton es uno de mis autores de novelas de espionaje preferidos. Aunque solo he leído dos de sus novelas, auguro una fructífera relación autor-lector entre Deighton y un servidor.

Deighton es un autor de cierto prestigio en el mundo del espionaje. No está a la altura de los grandes maestros Le Carré y Greene, pero es un autor sólido. Sus novelas nos describen con acierto el sórdido mundo del espionaje con ciertos visos de verosimilitud. En sus relatos conocemos sujetos estoicos y descreídos, ciudades sucias y excitantes, y vivimos misiones importantes y peligrosas.

El juego de Berlín, que será seguida por El set de México y El partido de Londres, está protagonizada por Bernard Samson, el espía más famoso de Deighton, que aparece en bastantes de sus novelas. Samson es un espia británico, no tan astuto y complejo como el Smiley de Le Carré, pero más pegado al terreno.

Pese a que los tiempos de gloria de Samson pasaron hace mucho, desde su escritorio en Londres, Bernard se ve obligado a viajar al Berlin del Muro para sacar de allí a Brahms 4 , un agente quemado que corre peligro. La trama se complicará con la existencia en Londres de un espía doble que hace más dificil el trabajo de Samson y añade tensión emocional a la novela, ya que, al final, acabamos descubriendo que Fiona, la mujer de Samson, es dicha espía doble.

Sentido y sensibilidad, Jane Austen

De vez en cuando, es necesario volver a los clásicos. En este caso, Austen y su Sentido y Sensibilidad.

Cualquier manual de literatura nos dirá, al abordar a Austen, que sus novelas, además de estar primorosamente escritas, se desarrollan en un ámbito muy reducido, tanto en lo geográfico como el lo temático. Y es que sus novelas, habitualmente discurren en torno a pequeños núcleos rurales ingleses y abordan únicamente cuestiones propias del desarrollo sentimental de sus protagonistas.

Esto puede parecer una crítica, pero el hecho es que, pese a lo anterior, las novelas de Austen son leídas con placer doscientos años después de sus escritura. Y ello, en mi opinión, no porque el lector se reconozca en alguna de sus heroínas protagonistas o en sus peripecias, sino porque sus novelas se disfrutan con los sentidos, como si fueran miniaturas exquisitamente pintadas, a la vez que el talento de su creadora apela a nuestra razón para su reconocimiento. Al fin y al cabo, aunque hubo escritoras de éxito antes que ella, Jane Austen fue la primera que unió a su éxito un indiscutible talento que le hizo pasar a la posteridad.

En esta novela, escrita cuando Jane, que murió muy joven, era todavía más joven, seguimos los amores y desamores de las hermanas Dashwood. Marianne, la mediana, todo ardor y temperamento, y Elionor, la mayor, más juiciosa y reposada. A veces es inevitable tener cierta sensación de folletín cuando leemos las conversaciones entre cualesquiera de sus personajes pero siempre son necesarias pocas páginas para encontrarnos en un pasaje en el que, sin nada extraordinario que narrar, Austen consigue emocionarnos con su talento y convencernos de que el mundo es un lugar más acogedor gracias a sus novelas.