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El Gran Gatsby, Francis Scott Fitzgerald

La relación entre libros y pelis y viceversa, siempre ha dado mucho juego. En este caso, una nueva peli de El gran Gatsby me ha impulsado a hacer una tercera lectura de la novela de Fitzgerald.

Ya había leído la novela en un par de ocasiones y no había conseguido encontrar en ella nada de equello que la ha convertido en eterna aspirante a gran novela estadounidense.

En esta tercera lectura he disfrutudado de la novela y debo decir que mucho tiene que ver con ello el intensivo bombardeo de imágenes y sonidos inolvidables que la gran película de Luhrmann, que ví hace poco más de una semana, me proporcionó.

Debería ser bien sabido que la historia de Gatsby, Jay, es la historia de un triunfador. Jay es un tipo de hipnótico atractivo, sediento de afecto, abrumasdo por una soledad quizá no deseada y enamorado de Daisy, esposa del magnáte Tom Buchanan. La novela discurre por los intentos de Gatsby, tímido e inseguro, de conseguir reanudar su historia con Daisy, interrumpida años atras cuando Jay todavía no era nadie.

Sonrió comprensivamente, mucho más que comprensivamente. Era una de esas raras sonrisas, con una calidez de eterna confianza, de esas que en toda la vida no se encuentran más que cuatro o cinco veces. Comtemplaba, parecía contemplar por un instante el Universo entero, y luego se concentraba en uno con irresistible parcialidad; comprendía a uno hasta que el límite hasta el límite en que uno deseaba ser comprendido, creía en uno como uno quisiera creer en si mismo, y aseguraba que se llevaba la mejor impresión que uno quisiera producir.

En mi opinión, las dos fortalezas de la novela tienen que ver con la capacidad de Fitzgerald como creador de atmósferas y con la elección de Nick Carraway como narrador de la historia.

Fitzgerald consigue recrear, o crear, quién sabe, la atmosfera de los felices 20 en Long Island, con tal maestría que la novela nos atrapa. Además, Nick Carraway, como narrador, es un personaje, secundario en la trama, pero con una relación privilegiada con Gatsby, que consigue transmitir al lector una parte importante de su amor por la figura de Jay.

Si a lo anterior, añadimos un final con fuerte carga dramática y el atractivo norteamericano por el self-made man, atisbaremos algunos de los elementos que han alimentado a lo largo de generaciones el éxito de la novela.

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