Archivos Mensuales: junio 2013

Las desventuras del joven Werther, Johann Wolfgang Goethe

wertherVivo en constante asombro ante la capacidad de ciertos elementos comunicativos (una serie de tv, una película, una acción o declaración de una celebrity,…) para influir hasta límites difícilmente comprensibles sobre muchas personas, normalmente jóvenes y adolescentes, aunque cada vez adultos en mayor medida. Además, suelo cometer el error de pensar que este es uno más de los múltiples signos que muestran nuestra decadencia como civilización y que este fenómeno es reciente. Pues no.

Acabo de terminar Las desventuras del joven Werther, novela que ya leí hace bastantes años y que me dejo indiferente. En cambio, ahora, me ha resultado apasionante, a excepción del pasaje, ciertamente soporífero, en el que el protagonista lee a su amada unos poemas del ciclo de Ossian, al parecer muy importante en la mitología Irlandesa. Me ha interesado mucho saber que esta novela fue un auténtico fenómeno de masas en el momento de su publicación (1774). El éxito de la novela fue tal que se puso de moda vestir y morir como su protagonista: frac azul, chaleco amarillo y suicidio.
La novela fue escrita por Goethe cuando solo tenía 24 años y hoy en día es la más conocida de su autor, a pesar de que las obras completas de Goethe ocupan 60 volúmenes.
Estamos ante una novela epistolar en la que Werther narra a su amigo Willhem sus, como el título indica, desventuras, en pos del amor de Carlota. Werther, ante todo y sobre todo, es un hombre de honor y enseguida comprende que su amor no es posible. Esa misma concepción del hombre, su honor y su voluntad como algo inflexible, absoluto e inquebrantable, conduce a Werther al suicidio. Además, este suicidio no es una huida cobarde sino una salida de escena triunfal y heroica. Werther tiene otras opciones aparte del suicido pero su visión del mundo no le permite aceptarlas, ni siquiera percibir su existencia.
Esta novela es clave dentro del movimiento precursor del romanticismo, conocido en Alemania como Sturm und Drang (traducido algo así como tempestad y sentimiento), caracterizado por una intensidad en las vivencias y en los sentimientos descritos, así como un gran protagonismo de la naturaleza y una fuerte voluntad de trascendencia hacia ella.
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Los terroristas, Maj Sjowall y Per Wahloo

Llevaba yo unos años ya un poco triste y apenado porque había agotado el amplio yacimiento Wallander y no me quedaba ninguna de sus novelas por leer. Recuerdo el sentimiento de estar consumiendo algo valioso, irreemplazable y cercano a su agotamiento que tenía leyendo sus últimas novelas. Algo parecido a aproximarse a la certeza de que ya no te queda ningún Dostoievski o ningún Dickens por leer.

Afortunadamente, éste, todavía no es el caso. Y siendo justos en la comparación releer a Dostoievski o Dickens es mejor que leerlos por primera vez, porque, como grandes clásicos que son, nunca se agotan. Por buenas que sean las novelas del Inspector Wallander, estamos hablando de otra cosa.

Pero vamos a lo que vamos. En mi estado de ligero desamparo más arriba explicado, me encuentro con una novela de esos escritores suecos, émulos del gran Mankell, que tanto pululan por nuestras librerías. El autor es Sjowall Wahloo y la novela se titula Los terroristas. Poco después descubro que Sjowall Wahloo no es un señor o señora de nombre Sjowall y apellido Wahloo, sino una pareja de periodistas suecos: Maj Sjowall ella y Per Wahloo él.

Me pongo con la novela, protagonizada por el Inspector Martin Beck. A las pocas páginas los ecos y resonancias entre Beck y Wallander son claramente perceptibles. Es más, incluso la reflexión política/social/ideológica que la novela alimenta a lo largo de su desarrollo coincide con aquellas que el poso que las novelas de Wallander te acaban dejando tras su lectura te provocan. La sorpresa mayúscula viene cuando descubro que las novelas del inspector Beck fueron escritas entre 1965 y 1975, mientras que las de mi adorado inspector Wallander lo fueron entre 1991 y 2009. Así que lo que en un principio me pareció una muy buena imitación y/o secuela de Wallander, ha resultado ser el referente de toda la abundantísima novela negra sueca actual.

En los años en los que esta novela fue escrita, a mediados de la década de los 70 la democracia sueca, además de ser modelo a imitar por cualquier país con aspiraciones socialdemócratas, todavía disfrutaba de un estado del bienestar sólido y sin fisuras. Por este motivo llama la atención que, ya entonces, Sjowall y Wahloo fueran capaces de vislumbrar, y poner negro sobre blanco, aunque sea en una obra de ficción, los grandes problemas que pondrían al estado del bienestar contra las cuerdas cuatro décadas más tarde. Quizá su militancia política comunista les ayudaba, o les obligaba, a ver debilidades inherentes al sistema que entonces no estaban a la vista para casi nadie.

La novela, con argumento sencillo, está muy bien escrita. Los personajes y situaciones son muy creíbles y tras la lectura no puedo menos que felicitarme al pensar que me quedan por delante nueve historias más del Inspector Beck.