Archivos Mensuales: marzo 2013

Sentido y sensibilidad, Jane Austen

De vez en cuando, es necesario volver a los clásicos. En este caso, Austen y su Sentido y Sensibilidad.

Cualquier manual de literatura nos dirá, al abordar a Austen, que sus novelas, además de estar primorosamente escritas, se desarrollan en un ámbito muy reducido, tanto en lo geográfico como el lo temático. Y es que sus novelas, habitualmente discurren en torno a pequeños núcleos rurales ingleses y abordan únicamente cuestiones propias del desarrollo sentimental de sus protagonistas.

Esto puede parecer una crítica, pero el hecho es que, pese a lo anterior, las novelas de Austen son leídas con placer doscientos años después de sus escritura. Y ello, en mi opinión, no porque el lector se reconozca en alguna de sus heroínas protagonistas o en sus peripecias, sino porque sus novelas se disfrutan con los sentidos, como si fueran miniaturas exquisitamente pintadas, a la vez que el talento de su creadora apela a nuestra razón para su reconocimiento. Al fin y al cabo, aunque hubo escritoras de éxito antes que ella, Jane Austen fue la primera que unió a su éxito un indiscutible talento que le hizo pasar a la posteridad.

En esta novela, escrita cuando Jane, que murió muy joven, era todavía más joven, seguimos los amores y desamores de las hermanas Dashwood. Marianne, la mediana, todo ardor y temperamento, y Elionor, la mayor, más juiciosa y reposada. A veces es inevitable tener cierta sensación de folletín cuando leemos las conversaciones entre cualesquiera de sus personajes pero siempre son necesarias pocas páginas para encontrarnos en un pasaje en el que, sin nada extraordinario que narrar, Austen consigue emocionarnos con su talento y convencernos de que el mundo es un lugar más acogedor gracias a sus novelas.

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La trilogía de Nueva York, Paul Auster

Esta obra permitió a un desconocido escritor, de nombre Paul Auster, convertirse, de la noche a la mañana, en autor de culto a ambos lados del atlántico.

 La trilogía está formada por Ciudad de cristal, Fantasmas y La habitación cerrada, tres novelas cortas diferentes pero con algo en común. ¿Cómo explicar qué es ese algo compartido por las tres historias?. Quizá intención sea la palabra adecuada.

Los tres relatos que forman la ciudad de cristal intentan confundir al lector, sacarlo de su zona de confort, someterlo a una cierta tensión intelectual derivada del intento de establecer cual es la relación entre las tres obras de la trilogía, si es que hay alguna.

Pero el presente no es menos oscuro que el pasado y su misterio es igual a cualquier cosa que nos reserva el futuro. Así es el mundo: un paso después de otro, una palabra y luego la siguiente.

Auster juega a sembrar el relato de elementos que establecen comunicación entre las diferentes historias: personajes, objetos, sucesos, actitudes, temática…. Por otro lado, esta intercomunicación es solo esbozada, nunca aclarada y, por tanto,  sumerge al lector en una atmósfera de extrañeza ante el modo en el que de desarrolla la historia.

Alguno de los temas que esta obra afronta son el azar, la identidad y la paranoia. También es destacable el gusto del autor por la metaficción. Abundan las historias dentro de la historia. O las historias acerca de la historia, así como las digresiones acerca de los temas más inesperados.

En definitiva, tres novelas recomendables. En mi opinión, especialmente Ciudad de cristal y La habitación cerrada.

Historias de Nueva York, Enric González

Sigo preparando el viaje a NY. En este caso con un libro-crónica escrito por el periodista de El País Enric González.

Este libro es breve y se lee con facilidad. González nos permite recorrer con él las calles de Nueva York a la vez que nos cuenta lo que a él le parece de interés: a veces dónde comer la mejor hamburguesa, o la historia de los Mets y de los Yankees , o sus desventuras a la busca de apartamento en Manhattan.

Las urbanizaciones de casas iguales para gente igual que piensa igual generan ignorancia y paranoia.

El texto siempre resulta entretenido, irónico y amable para el lector, aunque es poco lo que se saca en forma de sugerencias o ideas para la visita.

En mi opinión, el libro adolece de falta de solidez.

Ventanas de Manhattan, Antonio Muñoz Molina

El académico Muñoz Molina vive a caballo entre Madrid y Nueva York. Para él, la escritura es una necesidad fisiológica más, igual que parece serlo la música o la lectura. Así que haciendo virtud de la necesidad, aprovechó algunos de sus primeros viajes para escribir una serie de crónicas/retratos de la gran manzana. Esos relatos han quedado recogidos en este libro, Ventanas de Manhattan.

Ataqué el libro buscando en él una peculiar guía de viajes que me permitiera preparar el viaje a NY. Sin duda, el libro es otra cosa. Es más una colección desordenada de impresiones que la ciudad y sus gentes provocan en el autor que una relación de lugares que ver o de cosas que hacer.

Tras la lectura, no puedo menos que envidiar el conocimiento, el gusto y la pasión que Muñoz Molina pone en la música. No es que sea mayor que el que pone en la literatura pero, en cierto modo, yo no ando escaso de gusto y pasión por los libros. Es un placer leerle perorar sobre Haydn, Cole Porter o George Gershwin. Es un placer raro, y muy especial, el que se obtiene de leer o escuchar a alguien que sabe de algo que tu no sabes pero que te gustaría saber. Realmente no es un saber, es más un moverse en el mundo, una cierta actitud vital.

El libro deja un regusto de amor por el aprendizaje, la exploración  y el disfrute de cualquier forma de conocimiento o de experiencia artística. Y algunas escenas perdurarán en mi memoria, como Muñoz Molina asomado a la ventana viendo ensayar, a través de dos cristales y algún centenar de metros, a un quinteto de viento en la Juilliard School. O a Muñoz Molina perderse en el interior de uno de esos bares de Hopper.

Wilt, Tom Sharpe

No suelo leer libros de humor. De hecho, la propia categoría libro de humor me suena un poco extraña. No suelo leer para reírme. Así de soso y de extraño soy.

Pero, no se cómo ni por qué,  hace unos días me vi comenzando la primera de una de las series de novelas más conocidas de la literatura actual: Wilt, de Tom Sharpe.
La novela me ha gustado mucho. Muy divertida y provocadora. Además, el humor de Sharpe, bueno o malo, me hace sentirme cómodo disfrutando de él. Nada trivial, ni chusco, ni escatológico ni vergonzante. Humor inteligente. Aunque supongo que aquel humor que nos gusta siempre nos parece inteligente.

Wilt se dedica a dar clase de literatura en una Escuela de Artes y Oficios a Carne 2, Yeseros 1, Instaladores de Gas 3 o Secretarias 4. Su trabajo le pone en contacto con el lado bárbaro de la vida y en casa, Eva, su entusiasmática esposa, no le pone las cosas fáciles. Wilt fantasea con asesinar a su esposa y Eva fantasea con cada novedad vital que aparece en sus cercanías. La cuestión es que sin saber muy bien cómo, Wilt es acusado de asesinato mientras Eva recibe gustosa su bautismo lésbico y una muñeca hinchable es objeto de la atención de la policía. El enredo es constante y las situaciones, entre surrealistas y escandalosas, se suceden de manera constante.

La novela me ha parecido divertida y recomendable.